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Bogotá y sus calles

En trece años Bogotá cumplirá quinientos años de fundada. Con Santafé ocurrió como con la mayoría de las ciudades y poblaciones que fueron fundadas en la América Española, trazadas con  el modelo del municipio español, impregnadas por  la estirpe de la “Hispania Romana”.  Con base en las muy precisas ordenanzas españolas, sobre la disposición de las nuevas ciudades, los fundadores debían disponer el territorio de la población fundada en forma simétrica, de suerte que las calles que se desplegaban de la plaza mayor, siguiendo líneas rectas que se dirigían en las cuatro direcciones. Así, al crecer las ciudades, el eje de la vida urbana fueron las calles que por supuesto requerían ser identificadas empleando para ello un nombre puntual para cada una de ellas, y la Santafé original no fue ajena a ese fenómeno que se extendió hasta el siglo 19. Tal vez con ocasión de los cambios impulsados por la llamada “Regeneración”, se optó en 1886 por modificar ese sistema de identificación de las calles aludiendo a los números con los cuales se identifican hoy día las calles y las carreras de nuestra ciudad. En casi cinco siglos de historia cada una de las calles de lo que fuera Santafé, ha sido testigo de innumerables episodios históricos, ocurridos en las calles e inmuebles ubicados en las mismas. La historia de sus calles es la historia de la ciudad. Pues bien, en el caso de Santafé de ese tema se ocupó el historiador Don Moisés de la Rosa, miembro entonces de la Academia Colombiana de Historia, quien se ocupó de recoger en un libro magnifico esas historias. En efecto, con ocasión de la celebración del cuarto centenario de la ciudad, la Academia recibió del Concejo de Bogotá, un ejemplar del libro “Calles de Santafé de Bogotá” escrita por el citado autor, con el sello editorial del Concejo de la ciudad, fechado precisamente en agosto de 1938, y en una magnífica edición. El autor se refiere en la presentación del libro a su antepasado Diego Domínguez de la Rosa que fuera alcalde de Santa fe en 1656. Allí don Moisés se detiene a examinar cada una de las calles de la antigua Bogotá con sus nombres, su origen, los propietarios de los solares de los primeros tiempos, con respaldo en lo que dicen las escrituras por el consultadas en las primeras notarias. Y luego se refiere a la nomenclatura posterior a 1886 cuando las calles y las carreras de Bogotá fueron numeradas de la forma como las conocemos hoy. Gracias a Don Moisés la memoria histórica de Bogotá se enriqueció desde hace casi un siglo con esta preciosa obra que contribuye poderosamente a entender el origen de esta, nuestra ciudad desde los tiempos ya lejanos de su fundación. Va un ejemplo al azar, al evocar la llamada “Calle del Molino del Cubo.” Allí hasta mediados del siglo diecinueve, nuestra capital gozaba de una cierta tranquilidad y sus habitantes disfrutaban en las noches de un seguro sosiego. Pues bien, en esa calle se formó una banda de maleantes, capitaneada por un personaje un tanto extravagante que posaba de abogado, José Raimundo Russi, natural de Ecce Homo en Boyacá, popular en los medios del barrio Egipto. Los miembros de la banda llevaron a cabo múltiples atracos y tropelías sembrando  el temor de los ciudadanos.  Russi era entusiasta seguidor y miembro de las entonces llamadas “sociedades democráticas” que impulsaron agresivamente el triunfo de la candidatura de José Hilario López a la presidencia, en las jornadas del 7 de marzo de 1849, que tuvieron lugar en la iglesia del hoy lamentablemente demolido Convento de Santo Domingo donde opera el Ministerio de las T.I.C. en el edificio Manuel Murillo Toro. Pues bien, precisamente en la Calle del Molino el Cubo cayó asesinado el 24 de abril de 1851 uno de los miembros de la banda, el joven Manuel Ferro, quien antes de expirar denunció a sus cómplices, lo cual dio pie a un ruidoso sumario que condujo al patíbulo en la Plaza de Bolívar a Russi y a sus cómplices. De este episodio da cuenta detalladamente otro de los grandes cronistas de puesta ciudad Don José María Cordovéz Moure en su célebres y sabrosas “Reminiscencias de Santafé y Bogotá”.  Nuestras calles que al fin y al cabo son la ciudad constituyen el hábitat público. Enuncian su espíritu,  y en los tiempos de la colonia y del siglo 19 fueron el foro del trasegar de nuestra historia. Disponen entonces nuestros historiadores de una descomunal cantera de información para remontarse en la historia de nuestra ciudad, gracias a lo ocurrido en sus calles, transitadas por muchas generaciones de   santafereños, con la cual se ha marcado el espíritu de esta, nuestra antigua aldea, hoy convertida en una urbe inmensa.

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