
Camacol genera educación, empleo y apoyo a los cafeteros.
Un andamio y un cafetal parecen dos mundos distantes, pero en Antioquia terminaron cruzándose por una razón de supervivencia y dignidad. Cada año, entre octubre y noviembre, cientos de obreros de la construcción cambian el palustre por el cesto para recolectar café en las temporadas de cosecha, mientras muchos campesinos migran a las ciudades buscando un cupo en las obras. Al entender esa dinámica, el gremio constructor decidió no mirar hacia otro lado y crear Obras Escuela, un programa que hoy le devuelve las cartillas de primaria y bachillerato a quienes creyeron que su única opción en la vida era el anonimato del analfabetismo.
La iniciativa, liderada por Eduardo Loaiza Posada, Director de Camacol Antioquia, manifestó que la importancia de esta iniciativa social, es que las personas que trabajan en la construcción se capaciten, esto los ayuda a mejor su futuro a ellos y a sus familias.
Entrevistamos a Omar Cardona Valencia, Director financiero de Camacol Antioquia, donde nos manifestó: «La iniciativa no se sostiene con discursos sino con cifras y un modelo tan sencillo como contundente: por cada libra de café institucional que se consume, mil pesos van directo a la educación de estos trabajadores adultos». Durante la charla, Cardona detalló que lo que se empezó hace tres años como una apuesta regional, hoy atiende a 800 personas, divididas en partes iguales entre primaria y secundaria. La radiografía del éxito quedó al desnudo en la última graduación del programa, cuando ante la pregunta de cuántos habían sido caficultores o recolectores, más del 50 por ciento de los cien nuevos graduados levantaron la mano.
Lejos de quedarse en una anécdota gremial, el impacto busca replicarse a nivel nacional. Tras articularse con Camacol Bogotá para llevar esta marca de café con sentido social a seminarios y eventos, el programa ya mueve 70.000 libras anuales con la mira puesta en el millón. Es la prueba de oro de que el verdadero desarrollo de un país no se mide solo en metros cuadrados levantados con varilla y concreto, sino en la capacidad de sacar de la oscuridad a quienes ponen el lomo en cada edificación.
